Posteado por: arnaldomirabal | 27 abril, 2011

La cultura del socialismo criollo


Por: Rolando Julio Rensoli Medina
En abril de 1961, hace cincuenta años, se proclamó el carácter socialista de la Revolución cubana, de este acontecimiento dijera el entonces comandante Raúl Castro Ruz, que se le ponía nombre a una criatura que había nacido meses antes. Se refería a que, ciertamente con el cumplimiento del programa del Moncada el 15 de octubre de 1960, de hecho se pasaba al período de tránsito del capitalismo al socialismo pues, además de la toma del poder político por las organizaciones revolucionarias que representaban a las masas populares el primero de enero de 1959, la propiedad sobre los principales medios de producción y servicios se transformaba de privada a social.

El inicio de la construcción socialista en Cuba era un suceso novedoso no solo en el orden político y económico sino también en la perspectiva cultural. Era la primera revolución de ese tipo en América Latina y el Caribe y en el hemisferio occidental pero era sobre todo, la primera revolución socialista criolla, la primera que tomaba tonalidades oscuras en su pigmentación, la primera mestiza, la pionera de habla hispana aunque ya había un proceso socialista de lengua romance: el rumano.

El socialismo antes de Cuba había sido eslavo, germánico, balcánico, mongoloide, magyar, caucásico, musulmán en el Asia Central soviética pero Cuba inauguró la época del socialismo mestizo americano. El movimiento por los derechos civiles de los afronorteamericanos encontró un referente en la sociedad socialista cubana al ver cómo podían construir juntos, negros, blancos, mestizos, una sociedad humanista e igualitaria. Los pueblos africanos y del llamado tercer mundo también se vieron en el espejo de Cuba. Los pueblos originarios americanos que ya habían recibido la lección teórica de José Carlos Mariátegui sobre el socialismo indígena, vieron más claro que Marx, Engels y Lenin podían ser acogidos por la realidad de este lado del mundo. Ya Mao Zedong, Ho Chi Min y Kim Il Sum, habían interpretado el marxismo para los pueblos amarillos del extremo oriente pero nadie había acriollado y mestizado el socialismo. Ese fue Fidel y su Revolución.

Para los criollos de Hispanoamérica, criolos del Brasil y creoles, de la América francófona; para los mestizos latinoamericanos: mulatos (euroafricanos), cholos (indígenaeuropeos) y sambos (afroindígenas), para los caribeños anglófonos, para los del patuá o el papiamento; para los garífunas; para los gauchos, guajiros, jíbaros, caboclos, llaneros, rancheros, monteros… quedaba claro que se podía acceder a un mundo nuevo a partir de contextualizar el marxismo. Ese aporte a la cultura política y social de América se le debe a la Revolución cubana. Es ella quien realmente universalizó el socialismo y no fue casualidad que fue a ella, también, quien le correspondiera defender la soberanía de los pueblos africanos en las arenas de Argelia o del Ogadem o en las selvas del Congo o Angola, quien apoyara a los movimientos de liberación en Centro y Sur América, quien coadyuvara a la derrota del Apartheid o alfabetizara o llevara médicos a disímiles puntos de la geografía mundial.

Y es que el socialismo se comprende mejor cuando se sufre desde el sur, perderlo es perder no solo la esperanza sino la única realidad posible. Cuando una nación integradora como la del ajiaco cubano, abraza esta causa, su comprensión no tiene fronteras raciales ni étnicas, es realmente universal. Pudiéramos llamarle la cultura del socialismo criollo.

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