Angola en mí

Ayer tuve la oportunidad de ver la excelente película Estación blanca y seca, que desnuda lo que fue el régimen del Apartheid en Sudáfrica. La propuesta  narra las peripecias de un profesor que intenta desenmascarar el terror desatado contra los negros en aquel país.

Todo comienza luego que su jardinero muere víctima de las torturas, por el simple hecho de indagar sobre la muerte de su pequeño hijo, participante en los disturbios de Soweto.

Como bien sentencia uno de los personajes, madre y esposa de las víctimas: “los vivos cierran los ojos de los muertes, lo muertos abrirán los ojos de los vivos”, cuántos negros debieron morir resistiendo la segregación racial y la despiadada represión de la policía militar, con la anuencia de gran parte de la población blanca y las grandes potencias.

De improviso me vino a la mente Angola y el papel decisivo de los cubanos en la eliminación del oprobioso régimen: 300 mil de mis compatriotas combatieron en África, y contribuyeron a la independencia de Namibia.

Angola es un nombre recurrente en mi vida. Recuerdo que de niño mis vecinos se ausentaban meses, años, entonces escuchaba hablar de un país lejano.

Ocho de mis primos hermanos cumplieron misión internacionalista en aquel continente. Cuando llegaba algún familiar mío a casa me preguntaba si quería escribirles una carta. Mi mente de niño no alcazaba a comprender qué hacían en Angola, y las cortas líneas que lograba construir no tomaban en cuenta la peligrosidad de la misión, ni las circunstancias de una guerra.

Mis primos nunca llegaron a saber que cuando los internacionalistas regresaban en un auto marca Volga, advirtiendo a todos de su llegada, por la insistencia del  claxon, yo aseguraba que ahí volvían ellos, mis primos.

Con cuánta alegría llegué una vez a mi casa cuando desde uno de esos autos una mano me extendió un saludo. Hoy, en cada cuadra hay un veterano de Angola, y en nuestros cementerios descansan los restos de 2077 caídos.

Sobre el régimen del Apartheid he visto varias películas de buena factura. Uno de mis filmes preferidos de todos los tiempos es Caravana, excelente documento gráfico de la labor cubana en aquel continente.

Nos vimos obligados a narrar  nuestras hazañas, no para vanagloriarnos por obligar a los sudafricanos a sentarse en la mesa de negociaciones, tras la batalla de Cuito Cuanavale, si no para que la historia abra los ojos a los vivos.

Nací en la provincia donde Carlota, mujer negra y africana, conminó a la lucha a sus hermanos esclavos, muchos años después la misión cubana en Angola llevaría su nombre; nací en el lugar donde Nelson Mandela pronunció su primer discurso fuera de África, luego de su liberación.

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