Cuba es la poesía


Siempre pienso a Cuba como el lugar más poético de todos. Mientras en Miami hay quién sale en defensa de la poesía del “presidio político cubano”, escucho a un pregonero con gran musicalidad anunciando “pasteles calientes, la merienda mañanera”.
Vivo en una comarca surcada de ríos y puentes centenarios. Matanzas la Atenas de Cuba, cuna de poetas que de tanto amar enloquecieron.
José Jacinto Milanés, el de la Tortola, amó a su joven prima con un amor incestuoso y puro; Plácido, el hacedor de peinetas, antes de morir fusilado por españoles escribió a manera de Plegaria a Dios, la verdadera y única poesía del presidio político cubano; Martí, el cubano universal, desde su prosa nos legó la amarga experiencia como joven presidiario en las Canteras de San Lázaro. Ya Cuba cuenta con su propia poesía nacida desde el encierro.
Caminar una ciudad de edificios coloniales y vetustos también es poesía. Un niño en brazos de su padre, una mujer presurosa hacia su trabajo, la isla pequeña y denostada enfrentando la cizaña, es poesía.
El que marcha y piensa a los suyos y reconstruye la isla cada mañana desde la distancia, es el mayor de los bardos; en cambio, negar la tierra donde se nace es la antipoesía.
Esos que viven de negar, necesitan asirse a algo, y se van contando malas historias, ensamblando mentiras. Donde hay un yermo seco creen ver un árbol frondoso. Allí solo hay lugar para los espejismos, la realidad poética quedó a esta orilla.
Yo que vivo de preguntar, descubrí que donde más poesía emerge es en las prisiones. Allí, en ese mundo gris, los presos graban en las paredes el amor hacia la madre, y en la piel la plegaria a la amada.
Mientras en Miami alguien se empeña en elogiar a supuestos poetas de un solo poema, silencia la obra de Fina, Eliseo, Guillén, La Aguirre, Nancy, Fayad, Carilda, Villena, Martí, Cintio, Pablo Armando, Retamar, Barnet, Lezama, El Wichi, Virgilio y tantos, tantos, tantos, que desde la maldita circunstancia del agua por todas partes lanzaron versos como barquitos de papel.
Vale la pregunta, realmente “hubo auténticos poetas en el presidio político cubano”. Habrá que preguntarse primero si hubo un presidio político.
Preguntemos a Silvio, el padre de todos los poetas, quien recorrió las prisiones de la isla para llevar su música. En ese instante la prisión se hizo un gran valle y los presos fueron niños en lomos de unicornios.
La hembra paridora de poesía fue la Revolución Cubana, que aglutinó bajo su manto a lo mejor de latinoamericana. Hasta aquí se llegaron Bennedetti, Neruda, Dalton, Alberti.
En algo tiene razón El Nuevo Herald, entre rejas el dolor arrecia y vuela el verso, lo sabemos de Miguel Hernández, Lorca y Vallejo, quienes izaron la bandera que el mundo desechó y Cuba sostiene.
La mejor poesía de un cubano tendrá como objeto poético Cuba, no importa donde la escriba. La poesía es una sola, brote en una prisión, un monte o una oficina.
¿Los mejores poetas de Cuba? Los que quedaron y decidieron echar pa’lante “halando un país” en este gran verso interminable que escribimos cada día; la mejor poesía, todos los niños y niñas van a la escuela, libres de todo mal, esa es la verdadera poesía.

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