Posteado por: arnaldomirabal | 23 diciembre, 2010

La desmemoria de Licoln Díaz-Balart


El sempiterno batallador por la destrucción de Cuba, Licoln Díaz-Balart, mientras sostenía en su mano un águila imperial envuelta en una bandera norteamericana, llamó a las Fuerzas Armadas de Cuba a contribuir a la transición democrática de la isla.
El congresista republicano integra, junto a su hermano y la señora Ros-Lehtinen, la fauna conocida en los medios políticos de aquel país por su irrestricta agresión a Cuba.

El hijito del subsecretario de gobernación de Fulgencio Batista y ahijado del dictador, durante su mandato fue perseguido por escándalos de corrupción silenciados por la prensa de Miami.
En más de una ocasión se pusieron al descubierto sus vínculos con el cartel del narcotráfico en Colombia.
Un político puertorriqueño condenado por corrupción, Jorge de castro Font, al zozobrar su barca, decidió asirse de las mangas de Lincol Díaz-Balart para que le hiciera compañía en el lodo, pero este logró sacudirse gracias, entre otras traquimañas, a los medios que ignoraron el escándalo.
Díaz-Balart se considera un “ciudadano de a pie”, pero con bolsillos llenos, su salario oficial-ya que se conocen sus cambalaches- como miembro del Congreso era de 140 mil dólares anuales.
Sus más allegados aseguran su trasnochada pretensión de ser el primer Presidente cubano tras la caída del gobierno, según él, su gran causa.
Por esa causa es capaz de derramar la sangre de miles de cubanos de la isla, nunca la propia por supuesto. La agencia AP distribuyó la noticia que Díaz-Balart y el grupo terrorista Comandos L pidieron al gobierno norteamericano la suspensión temporal de la Ley de Neutralidad, con la intención de lanzar operativos armados contra Cuba.
Este señor que pretende luchar por los derechos humanos en Cuba, se dirigió en dos ocasiones a la ex mandataria panameña Mirella Moscoso para que indultara a Posada carriles y demás asesinos detenidos en aquel país, cuando planeaban explosionar un recinto lleno de estudiantes donde hablaría el ex presidente cubano Fidel Castro.
Estas cosas las ha olvidado Lincoln. Ahora pretende sumar para sus oscuras pretensiones al ejército cubano. Casi dos décadas mintiendo sobre Cuba e instrumentando nuevas legislaciones para recrudecer el bloqueo económico de EE.UU. hacia la isla caribeña, hazañas de las que se jacta, le provocaron amnesia.
Lincoln Díaz-Balart encabeza los heraldos negros de la muerte y la mentira, y nunca podrá tomar posesión de ningún gobierno, menos en la isla.
Al parecer nunca ha comprendido que las fuerzas armadas en Cuba son el pueblo uniformado. Ese discurso seudo pacifista solo consigue indignar a los militares cubanos, más si proviene de quien ensalza y apoya el terrorismo contra el pequeño país.
En Cuba no habrá Tiananmem, como tampoco invasiones a Granada, a dominicana, a Panamá y decenas más, encabezadas por la bandera y el águila que el susodicho arrulla en sus manos.
Su proselitismo barato, plagado de corrupción, consiguió hacer presidente a Bushito hijo, pero nunca conseguirá subvertir al pueblo cubano, menos a las Fuerzas Armadas Revolucionarias, integradas por los únicos militares del hemisferio que nunca han dirigidos sus armas contra el pueblo.

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